La complejidad nos rodea. Vivimos en un mundo de diversidad extrema, en el que todo cabe, aunque en muchas ocasiones no somos capaces de reconocernos como parte de él. Si todo tiene su función, su sentido, su explicación, si todo parece tan matemático y lógico, tan científico, ¿por qué no somos capaces de conocer los requisitos para convivir con otra persona por la que nos hemos sentido atraídos, y mantener ese estado de felicidad inicial?
Dado que las condiciones externas muchas veces obedecen a causas ajenas a nuestra voluntad, quizá es más sencillo aprender a identificar qué es lo que puede estar fallando en nosotros mismos a la hora de acercarnos a nuestra felicidad.
En esta página encontrarás contenidos que sirven para conocer lo qué puede fallar en nuestras relaciones, identificando así lo que podríamos mejorar. Nuestros pensamientos, creencias, prejuicios, actitudes, formas de comunicarnos, manera de expresarnos, de reaccionar, comportamientos, etc., son muchas veces los principales responsables de nuestro fracaso emocional.
¿Cómo controlas tus impulsos?
El experimento de Walter Mischel, psicólogo experimental de la Universidad de Stanford, conocido como ”The Marshmallow Test“, sometía a prueba la capacidad de autocontrol de niños que superaran los tres años y medio, es decir, prácticamente a partir de 4 años. En este experimento, el psicólogo utilizaba marshmallows ( malvaviscos) conocidos en España como nubes.
EL experimento se realizó con niños y niñas que previamente habían confirmado que les gustaba esta golosina
La prueba consistía en sentar al niño o niña en una mesa en una habitación aislada en la que ponían la golosina en un plato justo delante de ellos/as.
La instrucción era que podía comerse la golosina inmediatamente , o en el momento que quisiese, y para ello debía previamente avisarle tocando un timbre, si por el contrario decidía esperar a que el psicólogo “acabase unos asuntos” , le traería además otra golosina por lo que habría conseguido 2 golosinas.
Según planteaba Walter Mischel “lo que estimamos en nuestras pruebas, no es la fuerza de la voluntad, sino el autocontrol. Nosotros no podemos controlar nuestro mundo, pero, sí que podemos controlar cómo pensamos y nos comportamos acerca del mismo.”
Lo realmente interesante de esto es que se encuentra que los niños que realmente conseguían aguantar el tiempo fijado por el psicólogo, no eran los que menos ganas tenían de tomarse la golosina sino los que distraían la atención (utilizando distintas estrategias) y conseguían llevar a un segundo plano de su atención el deseo de comese la golosina
¿Es posible entonces modificar o mejorar la capacidad de ejercer autocontrol?
Mischel correlacionaba los resultados obtenidos en el tiempo de dilación con merjores habilidades futuras, por lo que, independientemente del papel que juegue la genética y de nuestro nivel de impulsividad, sería de gran utilidad aprender a controlar o manejar nuestra atención, como ayuda para evitar algunos errores.












